Vandana Shiva y la Ley de la Semilla

Vandana Shiva vino hace dos semanas al Parlamento Europeo a hablarnos, invitada por los verdes, sobre la regulación del mercado de las semillas en Europa y sobre cómo los transgénicos están destruyendo la diversidad y el medioambiente en nuestro planeta, amenazando la seguridad alimentaria en muchos países y llevando al suicidio a cientos de miles de agricultores en países como India. Un auditorio rebosante recibió el impacto de la fuerza de esta activista, en un momento en que las instituciones europeas están trabajando en una regulación del mercado de las semillas que favorece el empleo de los transgénicos y que no es más que una cesión, otra más, a las grandes corporaciones agrícolas como Monsanto, cuyas consecuencias pueden ser terribles dentro y fuera de las fronteras europeas.

La diversidad es la primera sentenciada a muerte bajo esta nueva legislación. La decisión de la Comisión Europea ha sido favorecer el consumo y comercio de transgénicos, responsables de “apropiarse de la vida”, en palabras de Vandana, que no les pertenece. A golpe de propiedad intelectual y con el beneplácito de Washington y Bruselas, las grandes corporaciones siembran sus semillas a lo largo y ancho del globo, expandiendo un jugoso negocio que se reparten entre muy pocossólo 10 compañías agroquímicas controlan el 70% del comercio global de las semillas.

La vida no debería tener derechos de autor, por muchas razones. A medida que las cosechas de alimentos genéticamente modificados se extienden, al galope de las corporaciones que los crean, la variedad de los cultivos en el planeta se reduce de forma desproporcionada. El maíz, la soja, el algodón y la colza gobiernan en el reino del monocultivo, en un planeta en el que históricamente se han cultivado y comido miles de especies de cultivos.

Según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), desde la aparición de la agricultura industrial la pérdida de diversidad genética en la agricultura se estima en un 75%. Cada vez dependemos en mayor medida de un número menor de cultivos básicos para alimentarnos, lo que conlleva que frutas, verduras y cereales locales estén desapareciendo de nuestros campos y nuestros platos, al mismo tiempo que las plantaciones que cultivamos pierden capacidad para adaptarse al cambio climático y a nuevas plagas y enfermedades agrícolas.

Si preguntáramos a corporaciones como Monsanto, escucharíamos que con sus transgénicos están mejorando la forma de trabajar la tierra y luchando contra el hambre rural (por citar textualmente lo que se puede leer en su página web). Lo cierto es que sus semillas, a prueba de los más terribles y eficaces pesticidas, que a su vez son ellos los que producen, están esclavizando a los agricultores de todo el mundo (284.000 se han suicidado sólo en la India desde que los monopolios de semillas se asentaron en el país), están causando lo que se puede considerar un ecocidio (algodones genéticamente modificados como el Bt están matando abejas, polinizadores y organismos del suelo en las plantaciones) y están invadiendo extensas zonas del planeta como la selva amazónica o las praderas argentinas, para desarrollar una agricultura insostenible que está amenazando la seguridad alimentaria del presente y el futuro en nuestro planeta.

La legislación europea es de vital importancia para el mercado global de semillas, en el que más del 60% de las exportaciones provienen de la Unión Europea. Y la propuesta legislativa de la Comisión Europea supone una grave amenaza para la agrobiodiversidad y la producción de alimentos a medio y largo plazo, anteponiendo una vez más los intereses de las grandes corporaciones a los derechos de los agricultores de todo el mundo.

En la Ley de la Semilla, de Vandana Shiva, se puede leer que “esta no es sólo una crisis alimentaria y agrícola, sino también una crisis de la democracia”. Y es que en el mundo en que vivimos incluso lo más básico, lo más original, puede servir de negocio para el disfrute de unos pocos, a costa de la vida, y a veces de la muerte, de muchos otros.

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