Impacta Europa

Publicado en Infolibre, “Impacta Europa”, 28/01/2014

Ahora podemos reinventar Europa“, escribía hace algunas semanas Florent Marcellesi en el diario.es. “La podemos reinventar y construir desde la ecología política”, afirmaba, enumerando los retos a los que se enfrenta la Unión Europea y la alternativa por la que muchos creemos que hay que comprometerse: la de una Europa de la solidaridad y de los derechos humanos, centrada en garantizar el bien común a las generaciones presentes y futuras, liderando una transición ecológica capaz de responder simultáneamente tanto al drama social como a la crisis medioambiental en la que nos encontramos.

Sin embargo, me pregunto: ¿tenemos tiempo de reinventar Europa? Como izquierda verde del sur de Europa, con grandes expectativas de futuro pero minoritaria, todavía, ¿cuál es nuestra función, cuál debe ser nuestro mensaje para las próximas elecciones europeas?
Tenemos claras las causas que nos han traído hasta aquí. Y sabemos exactamente qué cambio de rumbo deben de tomar ahora nuestras sociedades, el necesario viraje hacia un modelo energético, productivo y democrático definitivamente justo y sostenible. Pero en la Europa cobarde y vendida en la que vivimos, adueñada por finanzas y mercados, ¿nos corresponden de verdad discursos vencedores? ¿Debemos centrar nuestro mensaje en un horizonte decrecionista, en ambiciosas asambleas constituyentes paneuropeas y en escenarios de bonanza económica en los que no nos encontramos, o debemos asumir lo inmediato de una crisis que apenas deja tiempo para ensoñaciones futuristas, sino para respuestas urgentes y completas, respuestas verdes, pero que contesten la realidad de miseria y entrampamiento en la que se encuentran hoy millones de personas en nuestro país y en el resto de Europa?

Porque lo que necesitamos ahora es crecimiento, no nos equivoquemos. Crecimiento en educación, sanidad y derechos sociales; crecimiento en la lucha contra la pobreza y la exclusión social, que curiosamente son competencias comunitarias; crecimiento en la devolución del Estado de Bienestar y en la inversión por parte de las instituciones en una transición ecológica que creará empleos y frenará nuestra marcha imparable hacia el suicidio medioambiental. La implementación de un Green New Deal, en definitiva, como la solución y salida definitivas de una espiral que ni siquiera los que la crearon parecen capaces de dominar, y que debe centrarse en tres ejes principales: la reducción de las desigualdades como primer reto fundamental, tanto en términos de ingresos (mínimos y máximos) como de participación (de grupos discriminados, por ejemplo, por edad o género); la recuperación democrática, que acerque las instituciones y la toma de decisiones a sus verdaderos dueños, la ciudadanía; y el renacimiento industrial y sostenible, basado en la justicia social y los límites climáticos.

No podemos confundir visiones de futuro, horizontes compartidos, con las acciones necesarias para salir de donde estamos, porque nos arriesgamos a no ser entendidos. No debemos confundir nuestro contexto, nuestro discurso de épocas mejores, con nuestra fuerza y capacidad reales, que no serán ni mucho menos despreciables: una o un representante de Equo tendrá la oportunidad de ejercer un impacto real en el Parlamento Europeo, tendrá la oportunidad de ejercer cambios concretos y cruciales que mejoren la vida de las personas de manera decisiva. Incluso un único representante, así es. No porque, evidentemente, éste vaya a conseguir en soledad instaurar una Renta Básica para cada ciudadano de la Unión Europea en los próximos años. Sino porque con su incansable trabajo luchará en cada enmienda, en cada negociación y en cada resolución parlamentaria; y vencerá, en la búsqueda de consensos, en la denuncia constante de la decisiones tomadas a espaldas de la ciudadanía, en la exposición de aquellos que venden Europa a los intereses de otros que no somos ni los ciudadanos ni las ciudadanas. Y convencerá, empujando a favor de una Renta Mínima Universal para los que más la necesitan en estos tiempos de urgencia, como llevan haciendo los Verdes en el Parlamento Europeo desde hace años. Y vencerá, al demostrar que la transición ecológica que los verdes exigimos es posible, y que el camino hacia una democracia más directa en la que se incluya a los ciudadanos en la toma de decisiones se recorre sencillamente con la voluntad política de hacerlo.

Es hora de salir de las reflexiones de despacho, y actuar. Es hora de bajar de la teoría de los cielos a la arena de la realidad política europea, y de ensuciarse, y de tomar decisiones valientes que cambien el rumbo que se está llevando hasta ahora, y que mejoren directamente las vidas de los que peor lo están pasando. Es hora de entrar en Europa, e impactar. Y de empujar hasta que cedan, hasta que salgan los que se aferran a un poder que no les pertenece. Es hora de ceñirnos al contexto, y de dar las respuestas que la gravedad del ahora nos requiere. Ya tendremos tiempo, cuando la tormenta amaine, de hablar de otros horizontes. Es hora de cambiarlo todo. Es hora de impactar Europa.

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Guillermo Rodríguez es consejero político de Juventud en el grupo Verdes/ALE del Parlamento Europeo y candidato en las primarias de Equo a las elecciones europeas

Europa importa: Una victoria que contar

Os quiero hablar de una victoria. Una victoria conseguida gracias a Europa; pero una victoria conseguida, por encima de todo, por los ciudadanos y las ciudadanas madrileñas. Y una victoria conseguida por Equo, cuando muy en sus primeros momentos decidió denunciar a las autoridades europeas el incumplimiento de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid del derecho europeo y en concreto de la directiva 2008/50/CE, sobre la calidad del aire en la capital.

Los niveles de contaminación de Madrid, debidos principalmente al tráfico y en segundo lugar a la industria, son conocidos por todos. Su consecuencia es a veces olvidada: Un problema de salud pública de verdadera gravedad. Asma, problemas cardiovasculares, cáncer de pulmón e incluso muertes prematuras (cada año 16.000 en España y 1.700 solo en Madrid debido a la contaminación del aire, según la Comisión Europea) son la materialización más negra de esta realidad, en una ciudad cuyos gobernantes se niegan a elaborar planes ambiciosos para luchar contra esta situación y fomentan precisamente proyectos del todo insostenibles, como el ya fallido Eurovegas, o un crecimiento basado en la construcción que va exactamente en la dirección contraria a lo marcado por la legislación europea.

Y es que esta legislación, concretamente en materia de medio ambiente, es una de las razones por las que podemos estar agradecidos a la Unión Europea: Muchos pensamos que sin ella, y a pesar de sus últimos pasos hacia atrás, países como España nunca hubieran avanzado en medidas fundamentales para responder a la amenaza de cambio climático y a la contaminación en nuestro planeta.

Una de estas medidas es la directiva 2008/50/CE, que ensambló las diferentes normativas sobre la calidad del aire desarrolladas desde los años 90, y que recoge entre otras cosas los valores máximos tolerables (por hora, día, o año) de una serie de sustancias tóxicas como las partículas en suspensión (PM10 o PM2,5), el dióxido de nitrógeno (NO2) o el ozono troposférico. En este ámbito, son los Estados miembros los que tienen la obligación de incorporar (en unos plazos definidos) el derecho de la Unión a su ordenamiento jurídico, y es obligación de la Comisión Europea supervisar y ejecutar acción legal en caso de infracción por parte del Estado miembro.

¿Y quién puede denunciar una infracción? Lo puede hacer la propia Comisión, otro Estado miembro, o cualquier ciudadano de la Unión por medio del Comité de Peticiones de Parlamento Europeo.

Así lo hizo Alejandro Sánchez en nombre de la Fundación EQUO en marzo de 2011. Denunció que la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid estaban incumpliendo los límites máximos vigentes desde hacía años, que estaban recolocando las estaciones de medición de zonas más a otras menos contaminantes y que estaban implementando medidas, como el Plan de Carreteras 2007-2011, que suponían un empeoramiento de los niveles de contaminación en la Comunidad.

Y la Comisión contestó. Que con respecto a la recolocación de las estaciones de medición, no tenía suficiente información. Que con respecto a planes de carreteras, la directiva no tenía suficiente competencia. Que con respecto a algunas de las substancias señaladas, aun había lugar para posibles moratorias o a la recolección de otros datos más favorables al gobierno matritense.

Pero también que, con respecto a una de las substancias señaladas, el PM10, en una de las zonas señaladas, el Corredor del Henares, sí veía un incumplimiento claro por parte del gobierno de la Comunidad de Madrid. Y por la misma señaló que comenzaba un procedimiento de infracción, dirigido al Tribunal de Justicia de Luxemburgo, que exigiría al gobierno de la Comunidad de Madrid el cumplimiento de la legislación comunitaria bajo amenaza de multas millonarias, de los que su gobierno, entonces el de Esperanza Aguirre, debería ser el único responsable.

Y así acabo una victoria, en la que los ciudadanos, por medio de Equo, forzaron al gobierno de la Comunidad de Madrid a cambiar sus políticas por el bienestar y la salud de los madrileños. Y en la que, gracias entre otras cosas a la Unión Europea, vencimos.

Seguramente esta fuera la primera de muchas victorias.

Voz y voto

Por más que levantemos la voz, nadie nos escucha. Por más que exijamos participar, somos ignorados. Los jóvenes estamos, en España y en la mayor parte del resto de Europa, subrepresentados en las instituciones. Nadie defiende nuestros intereses porque no interesamos electoralmente, y es esa la razón del impasse en que nos encontramos: El 57,7% de los jóvenes que buscan trabajo en España no pueden encontrarlo; la precariedad laboral entre los que trabajan viene de épocas muy anteriores a la crisis que vivimos; hablar de emancipación se ha convertido en una broma, y la imposibilidad de vivir una vida independiente en una realidad cotidiana.

Los principios democráticos nos cuentan que todos los sectores deben de estar representados en las instituciones, para garantizar que ninguno de ellos resulte discriminado. Y la evidencia nos muestra que los jóvenes, a día de hoy, no lo estamos. A comienzos de la presente legislatura, menos de 20 eurodiputados tenían menos de 30 años. Un 2,7%. En un Parlamento que pretende representar a una ciudadanía en la que el 33,8% no ha entrado en la treintena.

Y es en estas instituciones donde se toman decisiones que afectan directamente nuestras vidas, y que son las causantes de la angustia en la que se encuentra una generación, sin futuro ni presente. Si nosotros no participamos en la toma de decisiones, otros lo harán por nosotros. Otros, de hecho, ya lo están haciendo. Los mismos que llevan haciéndolo durante los últimos 40 años.

Exigimos un cambio generacional en los órganos de decisión, sea a nivel político, social, cultural o económico.

Y exigimos otros cambios para asegurar que la voz de la juventud es oída e impacta en la oscuridad de los despachos en los que nuestro futuro se dictamina. Las organizaciones juveniles deben tener un papel fundamental en el diseño, desarrollo, implementación y control de las políticas que nos afectan, tanto a nivel europeo como nacional. Y la imposibilidad de reducir la edad de voto por debajo de los dieciocho años, el privilegio de reservar a los más mayores el derecho a votar o a presentarse a unas elecciones, debe contemplarse desde la perspectiva de los derechos humanos. No es solamente una cuestión de hacer electoralmente interesante al sector de la juventud, politizarlo y empoderarlo; no es solamente cuestión de conseguir que la clase política se interese de una vez por todas por nosotros: de lo que estamos hablando es de la predisposición política a evitar la concienciación crítica de la juventud, hablamos de la incoherencia que supone que podamos asumir con solo diez años responsabilidad penal en Reino Unido, que podamos ser considerados aptos para trabajar a tiempo completo o para sostenernos económicamente en España, pero que no tengamos derecho a votar hasta los dieciocho años. Hablamos, en definitiva, de una cuestión similar a la que se debatía a comienzos del siglo pasado sobre el derecho de la mujer a ejercer el voto.

Los jóvenes tenemos la capacidad de cambiar el mundo. Lo podemos cambiar desde las calles, y lo podemos cambiar también desde las instituciones. Quien consiga movilizar nuestro voto, intencionadamente cimentado abstencionista, vencerá. Y tendrá, junto con todos nosotros, la oportunidad de cambiarlo todo.

¿Qué Europa?

En las últimas décadas, Europa ha construido un proyecto de unión, que si originalmente se irguió como garante de la paz y los derechos humanos, con el paso del tiempo se ha convertido en una pesada estructura, principalmente financiera, cuyo pilar, la ciudadanía, se ha visto incapaz de soportar el peso. El resultado ha sido un proyecto construido religiosamente al contrario, en el que después de cimentar una unión económica y monetaria se ha entendido que sin la base, la unión social, fiscal y política, el conjunto no podría sostenerse.

Pero todavía hay tiempo. Todavía son muchas las voces que reclaman otra Europa, que reclaman un cambio profundo de base y de dirección, y que están dispuestas a trabajar para levantarla. Estos son los cimientos, las raíces, sobre las que debemos construirla:

Una Europa social. Porque una Unión Europea cuyo pilar no sean las personas, es una Unión Europea mortalmente herida. Porque la obligación de las instituciones es garantizar, por encima de todo, los derechos de sus ciudadanos, y asegurar que nadie quede atrás. Las instituciones deben asegurar que el peso de la depresión económica no recae sobre las mayorías más débiles, sino sobre los responsables que nos han traído hasta aquí. El reto prioritario de la Unión Europea debe ser acabar para siempre con las desigualdades. Primero, en los ingresos, limitando los máximos y garantizando los mínimos; y segundo, en la participación, acabando con la vulnerabilidad de grupos discriminados por edad, género u otros motivos.

Una Europa democrática. Porque en una Unión Europea en la que la ciudadanía es la base, es la propia ciudadanía la que debe ejercer la toma de decisiones. Queremos entrar, para sacar al poder financiero. Queremos entrar, para descubrir las cortinas de las salas en las que se toman decisiones a espaldas de la ciudadanía y a favor de los intereses de unos pocos. Y queremos entrar, para exigir la democratización de la Unión Europea, para enfrentarnos a la tecnocratización de la Comisión y el Banco Central Europeo, y para continuar trabajando sin descanso en acercar las instituciones a los ciudadanos, en emplear herramientas de democracia directa, como el Congreso Transparente, y en esforzarnos por que la política europea se convierta en el escenario de participación e intervención ciudadana que estaba destinada a ser. Nuestro cometido es empezar una revolución: La de la regeneración democrática, la de la renovación de sus estructuras. Y así me comprometo a hacerlo.

Una Europa de la sostenibilidad, en todos sus sentidos. Sostenibilidad ambiental, porque seremos sino los jóvenes y las futuras generaciones los que nos enfrentaremos a las consecuencias de la destrucción de nuestro planeta; sostenibilidad económica, que regule y limite la economía financiera para que sirva a los intereses de la economía real, y a nada más; y sostenibilidad social, porque una Europa en la que se equilibra la economía aumentando las desigualdades es una Europa derrumbable, porque una Europa en que la pobreza se hace cada vez más desesperada y la riqueza se acumula cada vez más es una Europa que debería golpear nuestras conciencias, y porque una Europa que no protege nuestros derechos es una Europa, ya del todo, fracasada.

Y es esa la Europa verde, la Europa sostenible: La Europa de la respuesta, la Europa que entiende que todas las crisis son en realidad piezas desencajadas de un mismo sistema que depreda; y que todas deben y pueden ser respondidas conjuntamente. Es esta la Europa por la que quiero trabajar, una Europa de la urgencia que piense en nosotros y en nuestro futuro. La Europa, en definitiva, del Green New Deal.

Como candidato a representar a Equo en el Parlamento Europeo reivindico el valor. El valor para enfrentarnos a un montaje cruento, y vencer; el valor para entrar en unas estructuras corrompidas, y abrir las ventanas; el valor para empujar por el cambio de un sistema que sacrifica a muchos por el interés de muy pocos.

Reivindico una Europa valiente.

Y lo hago porque hay alternativas. Lo hago porque se ha hecho antes. Lo hago porque lo que nos ha traído hasta aquí no es una crisis, es una ideología. Reivindico una Europa valiente porque podemos cambiarlo todo.

Esta es la Europa en la que creo. Esta es la Europa por la que lucharé si confías en mí y en las primarias de EQUO me das tu confianza.

Guillermo Rodríguez

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