Rusia, Putin y el poder

Vladimir Putin es un hombre extraordinario. Ha conseguido lo que muy pocos han podido: instaurar un sistema autárquico con elecciones convocadas periódicamente y generar un crecimiento económico colosal -del que la calidad de vida de sus compatriotas ha dado cuenta- solo comparable a una corrupción masiva, una política de ataques sistemáticos a los Derechos Humanos y un apoyo popular inédito en la historia reciente, que ha alcanzado cotas del 80%.

¿Cómo ha conseguido Putin semejante respaldo? Después de tres semanas cruzando Rusia desde San Petersburgo hasta la Siberia Oriental he tenido dificultades para responder a esta pregunta. El apoyo que recibe es profundo, arraigado, visceral; especialmente fuera de las grandes ciudades. Su defensa se hace casi de memoria, usando los titulares de una abundante propaganda mediática que no llega a hacer desconocida la imagen proyectada por el país -y su régimen- en el resto del planeta. El orgullo por las expresiones de fuerza de su gobierno se vocifera; la crítica se murmura sin vehemencia.

De manera fortuita conocí a una diputada de su Congreso -la Duma -, que apasionadamente me explicó -no sin parte de razón- que los medios de Occidente trabajan por los intereses norteamericanos y que lo que nos llega no es más que desinformación sobre su presidente. Un estudiante de San Petersburgo me dió una respuesta un poco más satisfactoria: “Si hubiera una alternativa votaría por ella, pero no la hay”.

Porque es verdad que las que hay, comparativamente, son residuales. Al partido de Vladimir Putin, Rusia Unida, que se define como partido de centro pero no tiene una ideología coherente y es en esencia una creación de Putin para sostenerle en las elecciones a la Duma y al Congreso Federal, le rodean principalmente otros dos partidos: por la izquierda el Partido Comunista de la Federación Rusa, heredero del que rigió la URSS durante tantos años, y por la derecha el Partido Democrático Liberal de Rusia, definido como ultranacionalista. En las últimas elecciones presidenciales de 2012, en las que Putin fue reelegido por tercera vez Presidente de la Federación y en las que se denunció un enorme número de irregularidades, el ahora Presidente consiguió solo un 63,64% de los votos, una severa caída con respecto al apoyo popular cosechado en años anteriores. El segundo candidato, del Partido Comunista, apenas pasó el umbral del 17%. El tercero no alcanzó el 8%.

Pero sería falso afirmar que el éxito de Putin se debe exclusivamente a la debilidad de sus oponentes. Me decía aquel mismo estudiante que “Putin es un líder fuerte, que no rehusa el enfrentamiento para defender los intereses de Rusia”. Y los suyos, añado yo. Es un estadista que sigue en definitiva una larga tradición de liderazgo poderoso y centralizado que se extiende de los Zares a la época de Stalin y que ha conseguido restaurar, de alguna manera, la imagen de un país humillado tras el colapso de la Unión Soviética.

Putin no tiene rival. Y es importante reflexionar cómo intentos poderosos y legítimos de oponerse al establishment pueden no ser suficientes, si no se crean además alternativas políticas potentes a él. Mientras tanto la democracia no será más que un mero decorado, o como decía en 2011 el antiguo presidente de la Unión Soviética, Mikhail Gorbachev: “We have everything [in Russia] – a parliament, courts, a president, a prime minister, and so on. But it’s more of an imitation”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s