Sistemas binarios I

Miles de personas esperan en fila la abertura del primer McDonalds de la todavía Unión Soviética en la Plaza Pushkin de Moscú, en Enero de 1990.
Miles de personas esperan en fila la apertura del primer McDonalds de la todavía Unión Soviética en la Plaza Pushkin de Moscú, en enero de 1990.

Cuando uno pasea por los antiguos centros de poder de la Unión Soviética corre el riesgo de asustarse. Una capa de consumismo pegajoso, muy denso, parece cubrirlo todo y no ha dejado espacio para nada más que la sorpresa. Uno puede obedecer las señalizaciones que a escasos metros del cuerpo presente de Lenin le dirigen al McDonalds más cercano, o saludar a los mercaderes que profanan, con su abundante y colorido merchandising, la antaño gloriosa VDNKh -Exhibición de los Logros de la Economía Nacional-. Los restos del sistema perdedor se han dejado a la intemperie y contrastan con el frenesí devorador de los vencedores.

Porque el Capitalismo tiene en Rusia una fuerza y una jovialidad como no se le recuerda en Occidente. Su lozanía y sus promesas parecen generar fuertes ilusiones, su burbuja inmobiliaria crece fecunda en la capital y las bondades de un sistema que ya ha fracasado en nueve décimas partes del mundo se perfilan felices, llenas de oportunidades.

Sin embargo, quienes se dan a este nuevo sistema con entusiasmo parecen hacerlo manteniendo dulce y encendido el recuerdo del antiguo. A excepción de la figura de Stalin, convertida en una versión eslava de nuestro coco temible, el pasado se cuenta con cariño y se tinta con orgullo: hay cosas que el Comunismo sabía hacer bien y que el Capitalismo no hace.

Y lo curioso es que esto genera una narrativa rígida, binaria, sin alternativas: una dicotomía que todo lo posiciona en uno de esos dos polos. En San Petersburgo, un estudiante me explicaba que, a su entender, Comunismo era el Estado de Bienestar que había sido alcanzado en Noruega, y otro joven moscovita me proponía que “lo que Lenin de verdad quería era una combinación entre Economía Planificada y Economía de Mercado”, refiriéndose a la más liberal Nueva Política Económica llevada a cabo por Lenin en 1921 -que permitía la iniciativa privada, favorecía la inversión extranjera, etc.- y que Stalin enterró junto a su predecesor con el primero de sus planes quinquenales. Ideas que en definitiva mantienen el debate en una lógica horizontal, falsa, entre lo que hubo y lo que hay, entre lo derrotado y lo fracasado.

Porque caben alternativas que respondan a los nuevos problemas que encaramos hoy, tan distintos de los del pasado, pero que con instituciones fuertes defiendan también las luchas históricas que siguen presentes y que todavía no se han ganado. Alternativas, como la Economía del Bien Común, que antepongan por encima de todo los derechos de la ciudadanía sin limitar lo más mínimo sus libertades individuales ni tampoco el ejercicio completo de la democracia. Y que entiendan que de la mano de la justicia social, intocable, se encuentra la justicia ambiental. Y que solo con ambas afrontaremos los retos que tenemos por delante.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s