A galopar

Magullados, después de días cabalgando, una noticia nos golpea: el refugio nómada donde pensábamos pasar la noche se ha desplazado, y no podemos encontrarlo. En la estepa, la tarde está cayendo. El siguiente puede estar a muchos kilómetros de distancia, no sabemos a cuántos, pero tenemos que apresurarnos.

La noticia nos llega en palabras en mongol y gestos con las manos. Y sabemos sin embargo que la hemos entendido.DSC_0033 copy

Nos dirigimos hacia el Oeste, a galope, con nuestros cinco caballos. Los cantos de Hurlee nos envuelven, sus silbidos nos persiguen; el sol se esconde ante nosotros y la noche se asoma, amenazante: no sabemos, ni podemos saber, cuántas horas nos quedan de viaje. Pero seguimos, veloces, sintiendo el sudor de los caballos y el temor en la garganta. Fuerza, les susurramos. Corred; corred, valientes.

Oscurece. El cielo se cubre de estrellas. Pero nosotros continuamos la marcha, entre el frío y la angustia, despacio, muy juntos, pero muy solos. Viajando seguramente hacia lugares donde nunca habíamos viajado antes.

Cuando encontramos el refugio, nos acogió una familia como todas las que conocimos en las estepas de Mongolia. En sus gers, o yurtas, en los que la existencia de una sola estancia no deja espacio para la intimidad ni apenas para el individuo, descubrimos la hospitalidad de un pueblo que ha aprendido a combatir la intemperie utilizando la pertenencia al grupo, su sociedad. No estás solo. El grupo te acoge, lo acoges: lo necesitas para sobrevivir en la inmensidad deshabitada de esas llanuras.DSC_0714 copy

Juntos somos más fuertes, solos estamos perdidos. Es una forma de sobrevivir, sabia, que contrasta con el individualismo que se filtra poco a poco por las fronteras de Mongolia, y que ya la está invadiendo: la economía de mercado, en forma de libertad de circulación de capitales, y también de aumento de la pobreza, el desempleo, la desigualdad, el expolio de sus recursos naturales y el cambio climático.DSC_0771 copy

El individualismo, la fragmentación social, que como en Occidente en los años setenta llegan también a caballo, galopantes, y que son una cara fundamental, tal vez la más importante, para entender el mundo en que vivimos. Y cómo podemos cambiarlo.DSC_0791 copy

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