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Carta a la generación que no estará aquí dentro de veinte años

Publicado originalmente en el European Green Journal el 11 de julio de 2016, y en ctxt.es el 20 de julio de 2016. English version here.

La Unión Europea ha llegado a una encrucijada de caminos. Los desafíos a los que se enfrenta están poniendo en tela de juicio su propio futuro de integración; y en este contexto, las y los jóvenes se han convertido en un factor fundamental. Están jugando un papel determinante en procesos que, en diferentes lugares y para sorpresa de quienes están a cargo del proyecto europeo, están definiendo nuestra sociedad. Y todo hace pensar que seguirán haciéndolo.

El menosprecio electoral histórico que ha padecido la juventud ha tenido como consecuencia una distribución desproporcionada de los costes de la crisis, que ha empujado a las y los jóvenes hacia los verdaderos extremos de la sociedad. Ese padecimiento ha llevado a la indignación, y la indignación a ser parte de procesos de transformación de enorme trascendencia en la Unión Europea. Los/as jóvenes se han convertido en actores esenciales en cambios políticos tanto de regeneración como de inversión democrática, y esto está ocurriendo sin que todavía la sociedad parezca haber tomado consciencia de ello. El horizonte de la Unión Europea no lo conocemos: puede ser de progreso y unidad, o de desintegración. Pero sea cual sea, la necesidad de incluir a la gente joven entre las soluciones a la encrucijada en la que estamos es incuestionable. Porque ya definen el horizonte de la UE; y porque serán ellos quienes, cuando llegue, seguirán aquí.

El derecho a vivir una vida independiente

Las palabras desempleo y juvenil se han repetido insistentemente la una junto a la otra en los últimos tiempos. Y palabras es, seguramente, la mejor manera de resumir la respuesta política que se ha dado a este problema en los últimos años: palabras, y poco más. Una carencia casi total de acción y de políticas sociales junto a unas cifras de presupuesto del todo insuficientes [1] han permitido que el desempleo juvenil a día de hoy alcance todavía un 45,3% en España y un 48,9% en Grecia [2], mientras que en la UE continúa en un 19,4%. Esto significa que, en ambos países, de cada dos personas menores de 25 años buscando activamente un puesto de trabajo solo una de las dos es capaz de encontrarlo. En relación al desempleo total, la tendencia no ha cambiado prácticamente en los últimos veinte años: el desempleo juvenil y el desempleo total se han mantenido prácticamente paralelos, siendo el primero algo más de dos veces el segundo, tanto en España como en la UE.

Para ser capaces de entender la gravedad de la situación a la que se ha llevado a las y los jóvenes en los últimos años, varios datos completan bien el retrato. A nivel laboral, la tasa de desempleo juvenil de larga duración es un buen ejemplo: en España llega al 39,2%, en Grecia o en Italia supera el 50% y alcanza un 33,6% en la Unión Europea [3]. Esto es: más de un tercio de los/as jóvenes de menos de 25 años que buscan un trabajo en la UE llevan más de 12 meses haciéndolo.

Otro dato significativo es el porcentaje de jóvenes trabajadores/as temporales (71,3% en España, 43,6% en la UE [4]), que refleja bien el tipo y la calidad del empleo al que están abocados los/as jóvenes que sí encuentran uno. Y significativo también es el porcentaje real de trabajadores/as jóvenes autónomos en la Unión Europea: solo un 4% de los 19,4 millones de jóvenes que están trabajando [5]. Este porcentaje, que se ha mantenido constante a lo largo de la crisis, transmite las posibilidades de una propuesta que se ha repetido como un mantra (¡emprended!, les dicen; como si de ánimo fuera su problema) y que responsabiliza al individuo de un problema del que las instituciones deberían asumir las responsabilidades.

El desempleo es una parte, la más visible; pero hay otras. La tasa de riesgo de pobreza y de exclusión social también supera largamente al del resto de grupos de edad: En España, un 38,6% de los/as jóvenes entre 18 y 24 años están en riesgo de exclusión o pobreza (un 31,9% en la UE), mientras la tasa total es del 29,2% (24,4% en la UE) [6]. Además, la evolución de estos datos en los últimos diez años ha sido desproporcionadamente negativa para los/as más jóvenes. En 2005 la tasa de riesgo de pobreza y exclusión social de los jóvenes en España era incluso menor que la total (21,7% para el rango 18-24 años con respecto a 24,3% para el conjunto de grupos de edad). En la UE, mientras que ha disminuido la tasa total desde 2005 (entonces era de un 25,8%), ha aumentado entre las y los jóvenes.

En Europa, particularmente en el sur, se ha empujado a una parte importante de la sociedad a una situación de drama social sin precedentes. Se ha forzado a cientos de miles de jóvenes a dejar España desde 2011 [7], con el coste que prescindir de su talento, motivación y contribución a sostener el Estado de Bienestar va a suponer en el futuro. Se ha arrebatado las perspectivas de futuro a una parte importante de una generación a la que se califica como perdida, y para la que se da por sentado que cuando por fin la crisis haya terminado ya será demasiado tarde. Se les ha quitado el derecho a vivir una vida independiente y a tomar sus propias decisiones, obligándoles a aceptar cualquier empleo, a trabajar a cualquier precio, a estudiar lo que el mercado laboral dictara, a volver al hogar paterno [8]. Y las consecuencias de todo esto se sabe que perdurarán en el largo plazo afectando al desarrollo tanto personal como profesional.

Hombres blancos de 50 años y en corbata

¿Por qué?, nos preguntamos. ¿Por qué a los/as jóvenes? Para entenderlo, las palabras que mejor explican cómo hemos llegado hasta aquí son otras dos: participación y democracia.

Desde el punto de vista de la élite política, la cuestión ha sido clara. Por debajo de los 18 años los/as jóvenes no pueden votar y por encima generalmente no les interesa la política. A lo largo de la historia reciente han sido un sector electoralmente desmovilizado al que la clase política no ha prestado atención: a quienes tienen más de 60 años sí se les atiende. No han sido un grupo cohesionado de electores que se movilizara en torno a unos intereses concretos —a pesar de ser más de 65 millones de votantes de menos de 30 años en la Unión Europea— y a los que los partidos podían apelar con determinadas políticas. En Economía Política son un caso de libro.

De manera que los parlamentos siguen siendo, mayoritariamente, lugares de trabajo de hombres, blancos, de 50 años y en corbata. Concretamente en el Parlamento Europeo la edad media es de 53 años [9]. En el Congreso de los Diputados ha descendido en la XI legislatura gracias al cambio generacional que ha conllevado la entrada de nuevos partidos, situándose en los 47 años [10], siendo la media de edad en España 43 años. Pero la clase política no ha dejado de envejecer [11]. Los parlamentos no reflejan todavía la diversidad de la sociedad que representan —en términos de género, edad, etnia u otros—, y esa falta de voz y de representación tiene como consecuencia que las y los jóvenes hayan asumido una mayor proporción de los costes que ha tenido la crisis, en todas sus vertientes. Efectivamente, no les representaban, y parece que tampoco buscaban hacerlo.

Lo están cambiando todo

Pero inesperadamente se indignaron. De diferentes maneras, en diferentes sitios y con distintos objetivos, las y los jóvenes han reaccionado. A lo largo y ancho de la Unión Europea la gente joven está jugando un papel determinante en procesos que están definiendo el sentido hacia el que camina el proyecto europeo. En direcciones, además, muy desiguales. No tener esto en cuenta es un error de enorme envergadura que ya está teniendo importantes consecuencias.

Uno de esos procesos fue el que se desencadenó entre los meses de mayo y junio de 2011 en diferentes ciudades españolas. Las y los indignados no fueron un movimiento exclusivamente de gente joven sino un grupo diverso en el que se mezclaron personas de todas las edades. Una de sus señas de identidad era, de hecho, esa transversalidad: tanto social, como generacional o ideológica. Pero el papel central que jugaron los y las jóvenes en la conformación y organización del 15M fue de enorme importancia, más allá del cual sus ideas fueron después compartidas de una forma mucho más extensa.

La repercusión que ha tenido este movimiento ha sido de una envergadura que todavía no concebimos completamente. El empoderamiento de tantas y tantos ciudadanos y el descubrimiento de formas no convencionales de participación han tenido como consecuencia un cambio completo en el mapa político de nuestro país como en 2011 no era imaginable. Un cambio de marco discursivo, que confrontó la narrativa de “No hay alternativa” y la reemplazó por otra donde palabras como transparencia, regeneración, participación, bien común o primarias —que no existían en el vocabulario político más allá del de partidos como EQUO, todavía minoritarios— se volvieron imprescindibles. Un cambio total en la agenda política, que pasó a priorizar el rechazo a la corrupción, los desahucios y la austeridad; y que generó plataformas y proyectos políticos y periodísticos, nuevas corrientes en la arquitectura y transformaciones en nuestra forma de consumir y de comunicarnos. El 15M supuso en definitiva un cambio profundo de la realidad política, cuyas repercusiones llegaron a cruzar océanos y pueden seguirse percibiendo incluso 5 años después. En las plazas de París, mientras escribo estas líneas, las y los indignados de Nuit Debout se mantienen en pie ante una clase política que les teme, consciente de lo que protestas ciudadanas semejantes engendraron en España o en Italia hace muy poco tiempo. Les temen; y tienen razón en hacerlo.

Las consecuencias de ese estallido de movilización y participación en que miles de jóvenes se sumergieron transcendieron, por lo tanto, lo estrictamente electoral. Pero tanto en España como en otros países la implicación política de la gente joven está teniendo unas consecuencias extraordinarias, que deben igualmente analizarse.

En España, los partidos que han sabido movilizar a los/as votantes jóvenes han obtenido unos resultados que eran imprevisibles hace solos unos años. La coalición valenciana Compromís fue uno de los primeros en hacerlo: consiguió crecer entre las elecciones generales de 2011 y las de 2015 del 4,8% de los votos al 25,09%, y lo hizo convirtiéndose en la fuerza más votada en la franja de votantes menores de 34 años [12]. Desde 2015 gobierna también en la Comunidad Valenciana, junto al Partido Socialista.

Otro ejemplo es Podemos. Un partido que se crea en los meses previos a las elecciones Europeas de 2014 y cuya vinculación al movimiento de los/as indignados/as de 2011 es indiscutible, ha conseguido convertirse en una opción real de gobierno en España, para desconcierto de los dos partidos que se reparten el poder desde el fin de la dictadura de Franco. El Centro de Investigaciones Sociológicas estima que el 35% de los menores de 35 años votó a Podemos en las elecciones generales de 2015 [13], mientras que las otras tres fuerzas políticas principales obtuvieron en esa franja de edad alrededor del 15% de los votos. La ruptura generacional y su impacto en el cambio de escenario político en nuestro país se percibe incluso en el partido Ciudadanos, segunda opción entre los/as menores de 35 años y fuerza insignificante entre los sectores de más de 54 años.

La gente joven tiene la capacidad de generar verdaderas transformaciones en el mapa político de nuestros países si se moviliza para votar. Así está ocurriendo en España, pero también en muchos otros países. En direcciones muy diferentes.

En Grecia, en las elecciones de junio de 2012, Syriza (que acababa de conformarse como partido) y Aurora Dorada (partido de ideología fascista) alcanzaron un 26,9% y un 6,9% de los votos respectivamente, y lo hicieron convirtiéndose en las primeras fuerzas entre los menores de 35 años. Syriza obtuvo un 37% de los votos entre los menores de 25 años; mientras que Aurora Dorada, que entraba en el parlamento por primera vez, alcanzó un 13% en esa franja de edad y un 16% entre los/as votantes de 25 a 34 años [14]. El Partido Verde de Inglaterra y Gales, que en los últimos años ha experimentado un aumento extraordinario de porcentaje de voto y de influencia, lo ha hecho aumentando el número de afiliados jóvenes de 1.300 en 2013 a 14.000 en 2015 [15]. En Austria, único país de la UE donde se permite el voto a los mayores de 16 años a escala nacional y donde el ascenso del partido xenófobo FPÖ y del Partido Verde se ha percibido como un tsunami electoral, un 51% de los hombres de menos de 29 años votaron a FPÖ en la primera vuelta según las encuestas [16]. En Francia, el Front National de Marine Le Pen cosecha el 35% de los votos entre los/as votantes de 18 a 35 años. Y podríamos seguir: Holanda, Dinamarca, Polonia… países, todos, con realidades semejantes [17]. Mientras escribo esto, la relevancia que están adquiriendo las y los jóvenes en las semanas previas al referéndum de Reino Unido sobre su pertenencia a la Unión Europea puede resultar decisoria en el resultado de la votación [18].

La influencia de los jóvenes en los mayores desafíos a los que se enfrenta la Unión Europea va más allá, incluso, de lo estrictamente político o electoral. La radicalización de jóvenes europeos reclutados en las afueras de ciudades como Bruselas o París, y su participación en atentados terroristas, debe ser entendida responsabilizando no al Islam, sino a las políticas públicas en materia de juventud y de integración, como señalaba recientemente The New York Times [19]. Debe ser entendida desde una perspectiva mucho más amplia, que contemple la evolución de la exclusión social, laboral y educativa de muchos de esos jóvenes desde hace décadas; y que considere que se convierte en extremista lo que se ha abandonado en los extremos.

El futuro de la Unión Europea depende de ello

El abandono al que se ha sometido históricamente a la población más joven por motivos electorales ha tenido unas consecuencias desproporcionadas en la última década. La crisis económica, las políticas neoliberales que decían combatirla, la falta de integración y la falta de solidaridad de la Unión Europea han empujado a los jóvenes a los verdaderos bordes de la sociedad a nivel social, económico y laboral. Sin embargo, a su vez, la juventud de muchos países de la Unión Europea está reaccionando, de manera organizada o no, conformándose como una fuerza de profunda influencia tanto para la integración como para la desintegración de la UE.

La juventud no es una fuerza homogénea. Los problemas de la gente joven en Alemania no son los mismos de quienes vienen del Sur, por lo que no parece razonable intentar predecir un horizonte colectivo. Lo que sí parece importante es entender que los/as jóvenes son una fuerza catalizadora capaz de generar transformaciones que abarcan la totalidad del espectro político: tanto hacia regeneraciones progresistas basadas en los derechos humanos y en la higiene democrática; como hacia opciones nacionalistas, xenófobas o extremistas. Y esto merece que se le preste atención. La gente joven ya está jugando un papel fundamental en dibujar el horizonte de la Unión Europea. Es el momento de que quienes están a cargo del proyecto europeo lo tengan en cuenta. El futuro de la Unión Europea depende de ello.

 

[1]         http://www.euractiv.com/section/social-europe-jobs/opinion/youth-employment-together-we-can-make-a-change/

[2]         Eurostat, datos de febrero de 2016: http://ec.europa.eu/eurostat/documents/2995521/7225076/3-04042016-BP-EN.pdf/e04dadf1-8c8b-4d9b-af51-bfc2d5ab8c4a

[3]         Eurostat, datos del tercer trimestre de 2015: http://ec.europa.eu/eurostat/web/gdp-and-beyond/quality-of-life/long-term-unemployment-rate

[4]         Jóvenes entre 15 y 24 años. Eurostat, datos de 2015: http://goo.gl/vmgCvb

[5]         Eurofound 2012: http://www.eurofound.europa.eu/publications/report/2012/labour-market-social-policies/neets-young-people-not-in-employment-education-or-training-characteristics-costs-and-policy

[6]         Eurostat, datos de 2014: http://goo.gl/jHY1KQ

[7]         http://www.lasexta.com/noticias/sociedad/ine-cifra-medio-millon-numero-jovenes-que-han-emigrado-crisis-marea-granate-multiplica-cinco_20160103572407eb4beb28d446005f23.html

[8]         La edad media de emancipación de los/as jóvenes es 29,1 años en España (26,2 en la UE) y aumenta imperturbablemente. Eurostat, datos de 2014: http://appsso.eurostat.ec.europa.eu/nui/show.do?dataset=yth_demo_030&lang=en

[9]         http://www.europarl.europa.eu/EPRS/EPRS-Briefing-542150-European-Parliament-Facts-and-Figures-FINAL.pdf

[10]       http://www.elespanol.com/espana/20160118/95490513_0.html

[11]       Los datos señalan que la edad media de los diputados del Congreso en 1979 era de unos 42 años, mientras que en 2008 era de 49. Politikon: http://politikon.es/2013/07/08/cuando-la-politica-se-hizo-vieja/

[12]            El Mundo, 25/10/2015: http://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2015/10/25/562bc3f7e2704ee15a8b463d.html

[13]            El Español, 07/05/2016: http://www.elespanol.com/espana/20160507/122987812_0.html

[14]            Golden Dawn and Its Appeal to Greek Youth, Alexandros Sakellariou, Friedrich Ebert Stiftung: http://library.fes.de/pdf-files/bueros/athen/11501.pdf

[15]            Huffington Post, 14/01/2015: http://www.huffingtonpost.co.uk/2015/01/14/why-is-the-green-party-successful-british-youths_n_6470326.html

[16]            Zeit, 25/04/2016: http://www.zeit.de/politik/ausland/2016-04/oesterreich-wahl-norbert-hofer-waehler

[17]            Deutsche Welle, 14/12/2015: http://www.dw.com/en/young-people-vote-far-right-in-europe/a-18917193

[18]            El País, 28/05/2016: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/28/actualidad/1464449020_948036.html

[19]            The New York Times, 08/04/2016: http://www.nytimes.com/2016/04/08/world/europe/belgium-brussels-islam-radicalization.html?_r=0

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Desempleo: Los Verdes tenemos la respuesta

Me preguntaban, hace unos días, por la respuesta a las cifras de desempleo en España, y sobre lo que en Equo ya llevamos tiempo sosteniendo: Que los verdes tenemos la respuesta, el enfoque completo, y que todas las dimensiones de esta crisis están relacionadas y deben responderse simultáneamente, de manera que las personas y también el planeta prevalezcan sobre los mercados y el interés particular.

Planteaba, entonces, que lo primero es tener claro el orígen del problema. Las cifras de desempleo no se deben a la falta de formación de los desempleados, ni a que estos no estén buscando empleo con la suficiente tenacidad. Se deben precisamente a la falta de trabajos en nuestro país y en muchos otros de la Unión Europea: No los hay, y no los hay, entre otras cosas, porque en el pasado se han tomado decisiones políticas equivocadas. Es frecuente oír, sobre todo en relación al desempleo juvenil, mensajes que van en la línea de culpar al individuo ante la falta de ocupación: “Si no encuentras trabajo es porque no eres lo suficientemente bueno, es porque no estás lo suficientemente formado, es porque no lo has intentado lo suficiente”. Este mensaje es injusto y equivocado.

Son las instituciones las responsables del drama ocupacional, y son ellas las que deben dar la respuesta: Necesitamos que se creen empleos. Y la mejor forma de hacerlo es conseguir que en primer lugar las instituciones inviertan en crearlos. John M. Keynes defendía que es en épocas de crisis cuando el estado tiene que gastar su presupuesto en reducir las desigualdades y en asegurar que nadie quede atrás, y que es en épocas de bonanza económica cuando el ahorro y la austeridad son necesarios, para aguardar épocas peores. Todo lo contrario a lo que se ha hecho hasta ahora, en definitiva. Pero lo cierto es que lo que nosotros estamos proponiendo ya se ha hecho en el pasado, y ha funcionado: Históricamente, gobiernos como el de Franklin D. Roosvelt en Estados Unidos, en los años 30, se dedicaron a gastar grandes sumas de dinero en épocas de depresión para emplear a sus ciudadanos (por medio, por ejemplo, de la construcción de infraestructuras no siempre necesarias), lo que además de asegurar su bienestar e inclusión ejercía como un estímulo económico inigualable: En las lógicas del sistema en que vivimos, si los ciudadanos trabajan, consumen. Y consumiendo contribuyen a la prosperidad económica del país.

En el pasado este tipo de inversiones se han hecho en proyectos a menudo innecesarios y con un impacto claramente negativo en el medio ambiente. Pero la realidad es que, ahora mismo, nos encontramos en un contexto en el que nunca inversiones para cambiar el modelo energético y productivo de nuestros países habían sido tan necesarias. Estamos en un momento en que invirtiendo en energías renovables y en eficiencia energética España tiene la capacidad de, además de crear millones de empleos, hacerse energéticamente independiente en el medio plazo, lo que solucionaría al mismo tiempo el enorme coste que conlleva la importación de combustibles fósiles (45.000 millones de euros sólo en 2012, casi el doble de los objetivos de reducción de déficit marcados por Bruselas) y permitiría reducir nuestras emisiones de dióxido de carbono, que son la causa directa del cambio climático en el planeta, y las terribles consecuencias que este traerá, según la comunidad científica, en el futuro próximo.

La realidad es que los verdes tenemos una respuesta global y completa, que enfrenta cada una de las dimensiones de esta crisis. Porque todas son caras de una misma moneda: la de un sistema injusto e insostenible, que no está funcionado. Y esta respuesta, en la que trabajamos desde Dublín a Budapest, dede Estocolmo a Madrid, tiene un nombre: Green New Deal.

Evidentemente, una de las cuestiones a resolver es cómo financiar este proyecto. Y es que, una vez más, la respuesta vuelve a ser sencilla: Cambiando la lógica con la que estamos enfrentando esta crisis. Haciendo que no paguen la recuperación los más débiles, los que menos tienen, sino exigiendo que sean los que nos han hundido hasta donde estamos hoy los que asuman sus responsabilidades, y sea sobre sus hombros que se cargue la salida de esta crisis. Y la mejor forma de hacerlo es por medio de una reforma fiscal, que haga que los que más tienen, los que más contaminan y los dueños de las grandes corporaciones, la economía financiera y de las rentas del capital contribuyan hasta que salgamos de donde estamos. Que nos saquen ellos, que para eso nos metieron. Que asuman sus responsabilidades.

Otro punto clave para nosotros, hablando de empleo, es la cuestión de los derechos y de la calidad laboral, y lo inadmisible de que estén siendo puestos en peligro. Se deben proteger, por encima de todo, los derechos de los desempleados y de los que trabajando sufren abusos y precariedad, consecuencias habituales de índices de desempleo como en los que nos encontramos. Crear empleos a cualquier precio, no es permisible. Garantizar los derechos es lo primero.

Y son muchas más las propuestas que desde Equo planteamos para solucionar el drama del desempleo: Incentivar y romper las barreras del emprendimiento, especialmente las del emprendimiento verde; hacer políticas de facilitación del reparto del trabajo, de manera que trabajando todos menos horas podamos trabajar más personas; y otras muchas medidas que se podrán encontrar en el programa electoral tan pronto como lo tengamos preparado. O en el que, si no queréis esperar, podéis entrar desde ya para ayudarnos a construirlo. ¡Seréis más que bienvenidos!

En definitiva: Hay alternativas. Solo hay que trabajar para construirlas.

Una Garantía Juvenil sin muchas garantías

Mañana miércoles el Parlamento Europeo respaldará la asignación de 6.000 millones de euros de la Iniciativa sobre Empleo Juvenil (IEJ), destinados a reforzar económicamente la Garantía Juvenil, herramienta voluntaria con la que las instituciones europeas quieren demostrar sus pretendidos esfuerzos para combatir el desempleo juvenil dentro de la Unión. Una vez más, la respuesta se reduce a mucho compromiso verbal y pocas acciones, en una Europa desorientada ante unas cifras de desempleo juvenil insólitas en el continente.

¿Qué es la Garantía Juvenil? Es el compromiso, por parte de las administraciones y los servicios públicos de empleo, de ofrecer a los y las jóvenes menores de 25 años (o 30, a decidir por cada Estado) un empleo o una formación tras un período máximo de 4 meses de inactividad laboral o tras haber concluido la educación formal.

Y es que las cifras escupen una realidad que a veces no concebimos. Cerca de 6 millones de jóvenes (23,5%) de menos de 25 años buscan trabajo en una Unión Europea incapaz de proveerlo. Esta cifra alcanza el casi millón de personas en nuestro país (56,5%), entre los que se encuentra uno de los sectores más afectados por una crisis que se está llevando a las y los jóvenes brutalmente por delante: los llamados Ni-Nis, jóvenes que ni trabajan ni estudian y a los que la falta de perspectivas de futuro les coloca en una situación de desamparo que les aboca, a veces irremediablemente, al infierno del desempleo de larga duración, entre cuyas peores consecuencias se encuentran la pobreza y la exclusión social.

7.5 millones es el total de jóvenes de menos de 25 años que responden a esta descripción en la UE. Y 6.000 millones el presupuesto asignado a la IEJ para poner en funcionamiento la Garantía Juvenil en los próximos 7 años, en los países cuyo paro juvenil supere el 25% y que presenten sus planes antes de finales de diciembre. La ayuda (de la que casi 2.000 millones de euros irán a parar a España) se concentrará en el período 2014-2015, para hacerla algo más presentable, y no será dinero nuevo: la mitad proviene del Fondo Social Europeo y la otra mitad del Fondo de Cohesión. Pero poco parece importar de dónde vengan los fondos, ante una ayuda del todo insuficiente. La Organización Internacional del Trabajo calcula que para de verdad implementar una Garantía Juvenil solo en la zona euro serían necesarios, al año, 21.000 millones de euros.

El planteamiento de la Garantía Juvenil no es en mi opinión lo equivocado, lo equivocado es la falta de compromiso de los que dicen querer implantarla. Todos los jóvenes deberían tener el derecho de experimentar una transición suave de su etapa formativa a la laboral, y las instituciones deberían ser las encargadas de garantizar que así fuera, utilizando los recursos necesarios para ello. Esa era la idea original que presentaron los verdes por primera vez en el Parlamento Europeo en 2009, una Garantía Juvenil que construyera las bases en definitiva de una garantía de derechos, y no una herramienta que pretendiera responder a la gravedad de una crisis para la que no fue diseñada.

La virulencia del desempleo juvenil en Europa no se resolverá con Garantías insuficientes en medios y en expectativas. Se resolverá poniendo fin a las políticas de austeridad, que destruyen más herramientas para el empleo juvenil de las que la Garantía Juvenil podría pretender crear, y diseñando un plan de choque en el corto plazo que asegure primero los derechos de los que están dentro y fuera del mercado laboral al mismo tiempo que se esboza una estrategia de creación de empleo que tenga como base la inversión pública (posible con una justa reforma fiscal) y el reparto del trabajo.

Desempleo juvenil: Queremos más empleos, más derechos y más oportunidades

El grupo Verdes/ALE no votará a favor de la resolución sobre desempleo juvenil propuesta por el Comité de Empleo y Asuntos Sociales que será votada el próximo miércoles en Estrasburgo, por considerar que no da respuesta a la realidad de las y los jóvenes europeos a día de hoy. Ha presentado en su lugar una resolución alternativa en la que recoge las soluciones en las que los verdes están trabajando, insistiendo en que las políticas de austeridad son responsables de las cifras desproporcionadas de desempleo juvenil y exclusión y pidiendo que se invierta más en empleo, que se enfoque el problema en la cuestión de los derechos, la calidad laboral y el trabajo digno y que se tenga en cuenta a los jóvenes como una parte fundamental en la toma de decisiones de las políticas que, especialmente, les afectan a ellos.

El grupo Verdes/ALE ya se abstuvo a esta resolución, redactada por Joanna Katarzyna Skrzydlewska, eurodiputada del grupo conservador (PPE), a su paso por el comité parlamentario. Si bien durante el proceso de enmiendas y negociaciones el grupo Verdes/ALE consiguió incluir en la resolución menciones importantes al efecto negativo de los recortes en los y las jóvenes y a la necesidad de un plan de choque que enfrente las consecuencias del desempleo juvenil en el corto plazo Seguir leyendo Desempleo juvenil: Queremos más empleos, más derechos y más oportunidades

La huida de los jóvenes: Una fuga lenta pero implacable

No llevan maletas de cartón, ni hay aglomeraciones en el andén de la despedida. No se marchan en grupo, sino uno a uno. Aparentemente nada les obliga”, escribía hace tres años Concha Caballero en el artículo llamado, como la obra de Balzac, las Ilusiones perdidas. Desde entonces muy poco ha cambiado. Una fuga lenta pero implacable de los y las jóvenes de nuestro país continúa, día a día, año a año, sin que nadie parezca notarlo. Sin que desde el gobierno nos lleguen nociones de que conocen el problema o pretenden solucionarlo.

Lo que nos llega son sus ánimos a encabezar la huida, como si de una excursión campestre se tratara. “Irse a Alemania es estar en casa”, dicen. Solución sencilla para reducir las cifras de desempleo, hacer que los desempleados salgan de las cifras.

La realidad es que la movilidad voluntaria de la que tanto oímos hablar es difícil de definir. Porque voluntaria es una decisión cuando se tiene la posibilidad Seguir leyendo La huida de los jóvenes: Una fuga lenta pero implacable

La juventud importa

Pensaba, hace unos días, con motivo del Día Internacional de la Juventud, hasta qué punto los jóvenes estamos pagando en Europa las cuentas de decisiones que no hemos tomado nosotros. Pensaba en cómo estamos padeciendo unas tasas de desempleo, una imposibilidad de emanciparnos, unas dificultades para acceder al sistema educativo.. cómo estamos padeciendo el olvido de un sistema, en definitiva, al que muy poco parece importarle que estemos empezando a decidir que esto ya no tiene que ver con nosotros. Que aquí se quedan ellos, pero nosotros, si podemos, nos salimos de esta farsa. No nos la creemos más.

Y al mismo tiempo estoy viendo que hay gente que sí está trabajando para cambiar las cosas, y que está usando las instituciones para hacerlo. Eso es lo que estoy encontrando en el grupo Verdes/ALE del Parlamento Europeo. Lo que desde Europa han estado pidiendo los verdes desde hace años, Seguir leyendo La juventud importa