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El ISIS y el Oro Negro

Publicado en Público el 26/11/2015.

Rosa Martínez, coportavoz de EQUO (@RosaM_Equo)
Guillermo Rodríguez, miembro de EQUO (@willrodrob)

El ISIS tiene todo el dinero que necesita. Eso no era ningún secreto. Entre sus muchas fuentes de financiación —como la extorsión, las donaciones o el tráfico de seres humanos— hay una que sobresale hasta ahora sobre todas las demás: el petróleo. La explotación de campos petrolíferos en Irak y Siria y su exportación ilegal a través de países como Turquía han supuesto la principal fuente de financiación de esta organización terrorista: entre 1 y 3 millones de dólares de ingresos al día, todos los días. A esto hay que sumarle las donaciones particulares, mayoritariamente de hombres acaudalados de los países del Golfo. Otra vez, el petróleo.

El petróleo es una fuente de energía sucia, y no sólo por contaminante. El control de las reservas de petróleo, gas, uranio y otros recursos energéticos mediante la violencia hace mucho que domina la geopolítica del mundo en que vivimos. Conflictos como Afganistán, Irak, Libia o Siria, que generaron la creación y radicalización de grupos yihadistas como el ISIS, son algunos ejemplos de las injerencias occidentales por intereses vinculados a los recursos naturales. Otro ejemplo del precio que pagamos por el petróleo que consumimos: el silencio de la comunidad internacional ante las continuas violaciones de derechos humanos en Arabia Saudí.

Intervenciones militares de países como Francia en Libia o Irak, donde petroleras francesas se reparten beneficios; o en Mali, de donde Francia importa uranio para su producción nuclear, no justifican de ninguna forma matanzas como la del 13 de noviembre en París: responsables son solo los que matan. Sin embargo, cualquier explicación o análisis que las obvie errará en la búsqueda de soluciones.

 Que París sirva para que Europa reaccione. Nuestra excesiva dependencia del exterior de fuentes de energía como el petróleo, el gas o el uranio no es sólo una insensatez, por la inseguridad energética a la que nos exponen conflictos como el de Ucrania; sino también una hipocresía. Este modelo energético confronta el discurso de los valores europeos con las violaciones de derechos humanos a las que sometemos a millones de personas con nuestras guerras y nuestros contratos. Además, es también una gravísima imprudencia, ya que nos impide actuar con responsabilidad ante uno de los mayores retos de la humanidad en el siglo XXI: el cambio climático.

Y no deja de ser paradójico que la Cumbre del Clima, que empieza en París el próximo lunes, se vea mermada política y organizativamente por la misma causa que un acuerdo poderoso y vinculante en esta materia podría combatir. ¿Se imaginan todo lo que ganaríamos usando otras fuentes de energía que no fueran el petróleo? Es evidente, beneficios para la mayor parte de la humanidad, pérdidas para unos pocos.

La buena noticia es que existe una alternativa para reducir nuestra dependencia energética, limitar los conflictos geopolíticos vinculados a los recursos energéticos, dejar de financiar a grupos terroristas y además contribuir a la lucha contra el cambio climático: las energías limpias y renovables. Si conseguimos además que la producción de energía sea controlada por la ciudadanía conseguiremos, al mismo tiempo, redistribuir esta parcela de poder, hoy en manos de grandes multinacionales con muchos intereses y muy pocos escrúpulos. Energías limpias, sí: también en democracia y derechos humanos.

El liderazgo valiente y colectivo que nos hace falta

Rosa y yo hemos compartido muchas cosas. Hemos trabajado juntos, nos hemos peleado, hemos vivido aventuras en países lejanos que seguramente algún día contemos. Y de todos esos momentos buenos y no tan buenos creo que puedo decir que, como la buena amiga que es, la conozco bien. Y creedme: ella es a quien necesitamos en primera línea en estos tiempos tan difíciles, y tan importantes, que tenemos por delante.

Primero porque necesitamos a alguien valiente como ella que nos haga romper el techo de cristal que, en EQUO, nos hemos encontrado. Que vaya a más, que nos abra camino, y que sea capaz de llevarnos adonde hace cuatro años decíamos que nos dirigíamos. Ahora es el momento, eran nuestras palabras. Bueno, ahora, lo es. Y necesitamos a quien pueda de veras ponernos en sus puertas.

Segundo, porque yo no he conocido a muchos que tengan esa capacidad para comunicar, para contarlo: sabemos que nuestro problema ha sido y es que no se nos entiende, ¿por qué no lo cambiamos? Creo que nuestra obligación es conectar con la calle y hacer que nuestro proyecto entre y forme parte del cambio por el que llevamos tanto tiempo trabajando. Eso pasa por poner delante a quien lo pueda hacer: y hoy, Rosa es esa persona.

Y tercero, porque una vez alguien dijo que no se deben esperar resultados diferentes actuando siempre de la misma forma. Y el momento es ahora: la oportunidad está ante nosotros y necesitamos a alguien con la valentía y la fuerza de luchar por nuestros valores y poner a EQUO en todas las bocas y todas las televisiones. De ponernos en el cambio, porque para que de verdad lo sea, sabemos que nos necesitan.

Creo que lo que se plantea detrás de estas votaciones es la decisión de cuál queremos que sea nuestro liderazgo, de cuál queremos que sea nuestro proyecto: el que se conforma en torno a una persona, o el que se construye en torno a un colectivo. Yo creo que lo que Rosa ha sabido construir por encima de todo es un proyecto de todos, y también de todas, una plataforma en la que yo veo representada esa propuesta de regeneración democrática que traemos desde el principio. EQUO, la nueva política, era esto: era donde no se devuelven favores, era que quien de entre todas y todos pensemos que es la mejor, salga elegida. Y creo que esta es una idea que no podemos olvidar para quienes, como EQUO, no buscamos una butaca en el congreso sino liderar un proyecto de transformación incluyente y regenerador.

Porque para mí eso es lo que es Rosa: un liderazgo amable, inclusivo. Un liderazgo que representa todo lo valiente, lo cercano y lo diverso que es nuestro proyecto y que es el cambio en el que ya nos encontramos. El de Ada, el de Mónica, el de Manuela y, también, el de Rosa. El nuestro.

El Buen Vivir: La lucha y narrativa de EQUO

Leyendo la ponencia política que se discutirá este fin de semana en la Asamblea Federal de EQUO, me he dado cuenta de que las tres batallas de EQUO, la equidad, la sostenibilidad y la regeneración de la democracia, son hoy más actuales que nunca.

En estos cuatro años el sistema neoliberal ha continuado su descomposición, arrastrándonos con él en su decadencia. La sobreexplotación de personas y recursos para satisfacer los intereses de una minoría cada vez más despreciable ya no se soporta más. Sus estertores de corrupción, paro y pobreza empiezan a llegarnos roncos, delirantes, ante una calle que desafiante se despierta, preparada para recuperar lo que nos pertenece, lo público y la democracia; preparada para transformar un sistema que ya está a punto de romperse. Aquellas tres razones que nos reunieron una vez son hoy el objetivo de millones de personas, y no habíamos nunca hasta ahora estado tan cerca de alcanzarlas.

Ha llegado la hora de decir basta. Ha llegado el momento de dejar de sacrificar a la mayor parte de la población para el beneficio de unos pocos. Ha llegado el momento de que todas y todos tengamos las mismas oportunidades, de que nadie tenga que tener suerte para salir adelante: de que el objetivo último y primero de quienes nos gobiernan sea garantizar los derechos y necesidades de las personas, en una sociedad posible, que tenga en cuenta su entorno y que conozca sus límites; porque los suyos serán los nuestros. Ha llegado el momento de entender que es insensato pensar que podemos vivir ajenos a nuestro contexto; que esa es la peor de las utopías. Y de explicar que por lo que nosotros estamos luchando es una sociedad sostenible en lo social y en lo económico, sin hambre ni exclusión, sin discriminación, con estructuras financieras al servicio de la gente y no de sí mismas; y también en lo ambiental, porque en un país como España apostar por el sol, el viento y la gestión eficiente de la energía es apostar por la prosperidad económica, la creación de empleo y el bienestar social. Estamos luchando por una sociedad que se sostenga, y que lo haga con democracia: sólo siendo la ciudadanía quienes llevemos a cabo esta transformación recuperando nuestras instituciones podremos conseguirlo.

Estamos en una situación de emergencia, y también lo más cerca que hemos estado nunca de poder cambiarla. Es en este escenario de oportunidad donde EQUO tenemos que contribuir con esas alternativas poderosas, posibles y completas, esas alternativas que con rigor llevamos tanto tiempo trabajando, para llevar a cabo lo que en EQUO sabemos hacer: crear empleos, enfrentando el cambio global en el que nos encontramos con las oportunidades que tiene nuestro país; garantizar nuestras necesidades y derechos, conscientes de que esa es la responsabilidad de quienes llegan a las instituciones; asegurar el equilibrio de las cuentas públicas, a base de medidas de sostenibilidad económica y medioambiental y de justicia fiscal y social; y acabar con esa corrupción asquerosa, con ese abuso y perversión del poder, construyendo estructuras de gestión y participación radicalmente democráticas.

Garantizar el Buen Vivir, en definitiva. El interés de todas y todos, las necesidades básicas de todas las personas pero también su desarrollo personal, su elección individual. El Buen Vivir como valor universal, de inclusión, de equidad, de democracia.

Esta es nuestra lucha, por la que en EQUO seguiremos batallando. Y con la que seremos parte del cambio social que está a punto de cambiarlo todo.

Una CEF como el partido en que creemos y el país por que luchamos

En EQUO estamos eligiendo estas semanas a quienes serán las y los miembros de nuestra próxima CEF, la Comisión Ejecutiva Federal: a quienes asumirán una buena parte del trabajo y el liderazgo para avanzar por los meses cruciales e inciertos que tenemos por delante.

Yo a esta nueva CEF le quiero pedir osadía, antes de nada. Quiero una CEF de valientes. Una CEF de personas que sean capaces de dejar sus zonas de confort para conseguir catapultar este proyecto todo lo alto que puede llegar a estar. Quiero no volver a escuchar la denuncia quejumbrosa de que es que los medios no nos sacan, es que los medios son injustos, es que a ellos sí y a nosotros no: que no se quejen y se metan, nos metan; porque esa es antes que nada su responsabilidad.

Una CEF que se ciña al contexto. Que entienda el momento en el que estamos y sus oportunidades de cambio, que persiga que seamos precisamente aquel partido que prometimos ser cuando empezamosAhora es el momento, decíamos. Que caiga en la cuenta de que no somos los únicos seres humanos en el planeta que estamos luchando por una sociedad más justa, sostenible y democrática. Que se entere de qué queremos ser la mayoría de simpatizantes y votantes de este partido: una herramienta de cambio de nuestra sociedad; lo que pasa por conectar con la calle, recibir su confianza -también en forma de voto-, llegar a las instituciones y cambiar las cosas. Que sea capaz de elaborar mensajes y estrategias que conecten con la ciudadanía, que sepa explicar nuestro mensaje: tenemos una solución, un plan que puede arreglar este país desde cada una de sus vertientes. ¿Por qué no lo estamos contando? ¿Por qué no nos hacemos entender? Pediría que quienes no tengan interés en contestar a estas preguntas se abstengan de presentar candidatura.

Una CEF como el partido en el que creo y el país por el que lucho: inflexiblemente feminista, donde el liderazgo femenino sea completo, sin amputaciones, donde no haya floreros. Un liderazgo femenino al que se le den los medios para serlo. Una CEF radicalmente democrática, donde todas y todos veamos lo que se hace y entendamos por qué, donde se rindan cuentas y por tanto haya responsabilidades concretadas. Y sostenible, sí, también económicamente. Si no queremos caer en la profunda vergüenza de no haber podido aplicar nuestros principios ni siquiera a nuestra propia estructura.

Tenemos un objetivo muy claro: ser parte del cambio social que posiblemente esté a punto de darse, luchar por que éste tenga lugar y convertirlo en verde cuando llegue el momento. Que quienes presenten sus candidaturas presenten también su compromiso.