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El Buen Vivir: La lucha y narrativa de EQUO

Leyendo la ponencia política que se discutirá este fin de semana en la Asamblea Federal de EQUO, me he dado cuenta de que las tres batallas de EQUO, la equidad, la sostenibilidad y la regeneración de la democracia, son hoy más actuales que nunca.

En estos cuatro años el sistema neoliberal ha continuado su descomposición, arrastrándonos con él en su decadencia. La sobreexplotación de personas y recursos para satisfacer los intereses de una minoría cada vez más despreciable ya no se soporta más. Sus estertores de corrupción, paro y pobreza empiezan a llegarnos roncos, delirantes, ante una calle que desafiante se despierta, preparada para recuperar lo que nos pertenece, lo público y la democracia; preparada para transformar un sistema que ya está a punto de romperse. Aquellas tres razones que nos reunieron una vez son hoy el objetivo de millones de personas, y no habíamos nunca hasta ahora estado tan cerca de alcanzarlas.

Ha llegado la hora de decir basta. Ha llegado el momento de dejar de sacrificar a la mayor parte de la población para el beneficio de unos pocos. Ha llegado el momento de que todas y todos tengamos las mismas oportunidades, de que nadie tenga que tener suerte para salir adelante: de que el objetivo último y primero de quienes nos gobiernan sea garantizar los derechos y necesidades de las personas, en una sociedad posible, que tenga en cuenta su entorno y que conozca sus límites; porque los suyos serán los nuestros. Ha llegado el momento de entender que es insensato pensar que podemos vivir ajenos a nuestro contexto; que esa es la peor de las utopías. Y de explicar que por lo que nosotros estamos luchando es una sociedad sostenible en lo social y en lo económico, sin hambre ni exclusión, sin discriminación, con estructuras financieras al servicio de la gente y no de sí mismas; y también en lo ambiental, porque en un país como España apostar por el sol, el viento y la gestión eficiente de la energía es apostar por la prosperidad económica, la creación de empleo y el bienestar social. Estamos luchando por una sociedad que se sostenga, y que lo haga con democracia: sólo siendo la ciudadanía quienes llevemos a cabo esta transformación recuperando nuestras instituciones podremos conseguirlo.

Estamos en una situación de emergencia, y también lo más cerca que hemos estado nunca de poder cambiarla. Es en este escenario de oportunidad donde EQUO tenemos que contribuir con esas alternativas poderosas, posibles y completas, esas alternativas que con rigor llevamos tanto tiempo trabajando, para llevar a cabo lo que en EQUO sabemos hacer: crear empleos, enfrentando el cambio global en el que nos encontramos con las oportunidades que tiene nuestro país; garantizar nuestras necesidades y derechos, conscientes de que esa es la responsabilidad de quienes llegan a las instituciones; asegurar el equilibrio de las cuentas públicas, a base de medidas de sostenibilidad económica y medioambiental y de justicia fiscal y social; y acabar con esa corrupción asquerosa, con ese abuso y perversión del poder, construyendo estructuras de gestión y participación radicalmente democráticas.

Garantizar el Buen Vivir, en definitiva. El interés de todas y todos, las necesidades básicas de todas las personas pero también su desarrollo personal, su elección individual. El Buen Vivir como valor universal, de inclusión, de equidad, de democracia.

Esta es nuestra lucha, por la que en EQUO seguiremos batallando. Y con la que seremos parte del cambio social que está a punto de cambiarlo todo.

Utopía o necesidad: una historia de democracia directa

Novgorod_torgOs voy a contar una historia. Una historia que a mí me contó una vendedora de Kazan en uno de esos trenes interminables que recorren la tundra siberiana. Es, más bien, lo que yo pude entender de aquella historia, contada entre arrebatos en ruso y susurros en inglés. Pero es sin duda una historia de movilización popular, de empoderamiento ciudadano: una historia sobre cómo la organización de nuestras sociedades no siempre nos ha sido impuesta, y sobre cómo nuestra participación en la gestión de lo común es no solo posible y eficiente, sino un imperativo para asegurar el reparto justo de lo que es de todas y todos.

Esta historia comienza en el reino de Novgorod, en el medievo eslavo. Una revolución no necesariamente violenta derroca a un despótico príncipe que durante su gobierno sólo había sembrado pobreza y desigualdad entre la población, mientras engordaba sanos a sus próximos, cortesanos y familiares de sangre real, con la riqueza de una región que tenía para todos; pero no para todos repartía.

Tras deponer a su príncipe en 1136, las y los revolucionarios se organizan en una asamblea ciudadana que se convierte en la autoridad suprema del Estado. Durante trescientos años ejerce como la más alta institución en materia legislativa y judicial del reino de Novgorod: discute de asuntos de gobierno y de armamento, redacta leyes, nombra y destituye a sus gobernantes. Oficiales, príncipes y arzobispos son elegidos por la ciudadanía en la asamblea popular, y se les exige firmar un contrato en que se detallan sus responsabilidades y se proteje los intereses de la población, que tiene potestad para revocar su mandato.

El procedimiento de la asamblea era bien sencillo: Independientemente de las reuniones ordinarias, cualquier persona podía convocar la asamblea haciendo repicar la campana de la torre de la ciudad. Acto seguido sus habitantes, conocedores de sus obligaciones, se reunían ante la catedral para discutir el eventual asunto de urgencia. Y esta fue la razón, sin duda, por la que una de las primeras cosas que hizo Iván III cuando consiguió invadir el reino en 1478 y someterlo a su control fue arrebatar la campana de la torre y llevársela a Moscú. Arrebató una herramienta, un símbolo de democracia; consciente de la fuerza imparable que tienen estos, en ocasiones, para fundar o arrasar imperios.

Este tipo de asambleas, que ejercían diferentes tipos de democracia directa, existieron en numerosas regiones de influencia eslava con el nombre de Veche y son similares a otros como los Thing escandinavos o los Landsgemeinde que todavía se practican en ciertos cantones suizos. Son ejemplos de que la estructuración de modelos de democracia participativa no sólo se puede acometer con enorme efectividad, sino que es una necesidad imperativa para el desarrollo justo de nuestras sociedades.

Porque la justicia social no es solamente una cuestión de distribución, sino que lo es también de igualdad en respeto, dignidad y reconocimiento. La justicia social implica ser iguales también como sujetos de derecho, capaces de participar, decidir y gestionar por igual: la justicia social implica la existencia de una estructura verdaderamente democrática. Y asegurar esta es condición necesaria para garantizar aquella.

Hoy, la región de Novgorod es un caso insólito de éxito económico, social y político en Rusia. Y esta podría ser nuestra historia.

Impacta Europa

Publicado en Infolibre, “Impacta Europa”, 28/01/2014

Ahora podemos reinventar Europa“, escribía hace algunas semanas Florent Marcellesi en el diario.es. “La podemos reinventar y construir desde la ecología política”, afirmaba, enumerando los retos a los que se enfrenta la Unión Europea y la alternativa por la que muchos creemos que hay que comprometerse: la de una Europa de la solidaridad y de los derechos humanos, centrada en garantizar el bien común a las generaciones presentes y futuras, liderando una transición ecológica capaz de responder simultáneamente tanto al drama social como a la crisis medioambiental en la que nos encontramos.

Sin embargo, me pregunto: ¿tenemos tiempo de reinventar Europa? Como izquierda verde del sur de Europa, con grandes expectativas de futuro pero minoritaria, todavía, ¿cuál es nuestra función, cuál debe ser nuestro mensaje para las próximas elecciones europeas?
Tenemos claras las causas que nos han traído hasta aquí. Y sabemos exactamente qué cambio de rumbo deben de tomar ahora nuestras sociedades, el necesario viraje hacia un modelo energético, productivo y democrático definitivamente justo y sostenible. Pero en la Europa cobarde y vendida en la que vivimos, adueñada por finanzas y mercados, ¿nos corresponden de verdad discursos vencedores? ¿Debemos centrar nuestro mensaje en un horizonte decrecionista, en ambiciosas asambleas constituyentes paneuropeas y en escenarios de bonanza económica en los que no nos encontramos, o debemos asumir lo inmediato de una crisis que apenas deja tiempo para ensoñaciones futuristas, sino para respuestas urgentes y completas, respuestas verdes, pero que contesten la realidad de miseria y entrampamiento en la que se encuentran hoy millones de personas en nuestro país y en el resto de Europa?

Porque lo que necesitamos ahora es crecimiento, no nos equivoquemos. Crecimiento en educación, sanidad y derechos sociales; crecimiento en la lucha contra la pobreza y la exclusión social, que curiosamente son competencias comunitarias; crecimiento en la devolución del Estado de Bienestar y en la inversión por parte de las instituciones en una transición ecológica que creará empleos y frenará nuestra marcha imparable hacia el suicidio medioambiental. La implementación de un Green New Deal, en definitiva, como la solución y salida definitivas de una espiral que ni siquiera los que la crearon parecen capaces de dominar, y que debe centrarse en tres ejes principales: la reducción de las desigualdades como primer reto fundamental, tanto en términos de ingresos (mínimos y máximos) como de participación (de grupos discriminados, por ejemplo, por edad o género); la recuperación democrática, que acerque las instituciones y la toma de decisiones a sus verdaderos dueños, la ciudadanía; y el renacimiento industrial y sostenible, basado en la justicia social y los límites climáticos.

No podemos confundir visiones de futuro, horizontes compartidos, con las acciones necesarias para salir de donde estamos, porque nos arriesgamos a no ser entendidos. No debemos confundir nuestro contexto, nuestro discurso de épocas mejores, con nuestra fuerza y capacidad reales, que no serán ni mucho menos despreciables: una o un representante de Equo tendrá la oportunidad de ejercer un impacto real en el Parlamento Europeo, tendrá la oportunidad de ejercer cambios concretos y cruciales que mejoren la vida de las personas de manera decisiva. Incluso un único representante, así es. No porque, evidentemente, éste vaya a conseguir en soledad instaurar una Renta Básica para cada ciudadano de la Unión Europea en los próximos años. Sino porque con su incansable trabajo luchará en cada enmienda, en cada negociación y en cada resolución parlamentaria; y vencerá, en la búsqueda de consensos, en la denuncia constante de la decisiones tomadas a espaldas de la ciudadanía, en la exposición de aquellos que venden Europa a los intereses de otros que no somos ni los ciudadanos ni las ciudadanas. Y convencerá, empujando a favor de una Renta Mínima Universal para los que más la necesitan en estos tiempos de urgencia, como llevan haciendo los Verdes en el Parlamento Europeo desde hace años. Y vencerá, al demostrar que la transición ecológica que los verdes exigimos es posible, y que el camino hacia una democracia más directa en la que se incluya a los ciudadanos en la toma de decisiones se recorre sencillamente con la voluntad política de hacerlo.

Es hora de salir de las reflexiones de despacho, y actuar. Es hora de bajar de la teoría de los cielos a la arena de la realidad política europea, y de ensuciarse, y de tomar decisiones valientes que cambien el rumbo que se está llevando hasta ahora, y que mejoren directamente las vidas de los que peor lo están pasando. Es hora de entrar en Europa, e impactar. Y de empujar hasta que cedan, hasta que salgan los que se aferran a un poder que no les pertenece. Es hora de ceñirnos al contexto, y de dar las respuestas que la gravedad del ahora nos requiere. Ya tendremos tiempo, cuando la tormenta amaine, de hablar de otros horizontes. Es hora de cambiarlo todo. Es hora de impactar Europa.

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Guillermo Rodríguez es consejero político de Juventud en el grupo Verdes/ALE del Parlamento Europeo y candidato en las primarias de Equo a las elecciones europeas

¿Qué Europa?

En las últimas décadas, Europa ha construido un proyecto de unión, que si originalmente se irguió como garante de la paz y los derechos humanos, con el paso del tiempo se ha convertido en una pesada estructura, principalmente financiera, cuyo pilar, la ciudadanía, se ha visto incapaz de soportar el peso. El resultado ha sido un proyecto construido religiosamente al contrario, en el que después de cimentar una unión económica y monetaria se ha entendido que sin la base, la unión social, fiscal y política, el conjunto no podría sostenerse.

Pero todavía hay tiempo. Todavía son muchas las voces que reclaman otra Europa, que reclaman un cambio profundo de base y de dirección, y que están dispuestas a trabajar para levantarla. Estos son los cimientos, las raíces, sobre las que debemos construirla:

Una Europa social. Porque una Unión Europea cuyo pilar no sean las personas, es una Unión Europea mortalmente herida. Porque la obligación de las instituciones es garantizar, por encima de todo, los derechos de sus ciudadanos, y asegurar que nadie quede atrás. Las instituciones deben asegurar que el peso de la depresión económica no recae sobre las mayorías más débiles, sino sobre los responsables que nos han traído hasta aquí. El reto prioritario de la Unión Europea debe ser acabar para siempre con las desigualdades. Primero, en los ingresos, limitando los máximos y garantizando los mínimos; y segundo, en la participación, acabando con la vulnerabilidad de grupos discriminados por edad, género u otros motivos.

Una Europa democrática. Porque en una Unión Europea en la que la ciudadanía es la base, es la propia ciudadanía la que debe ejercer la toma de decisiones. Queremos entrar, para sacar al poder financiero. Queremos entrar, para descubrir las cortinas de las salas en las que se toman decisiones a espaldas de la ciudadanía y a favor de los intereses de unos pocos. Y queremos entrar, para exigir la democratización de la Unión Europea, para enfrentarnos a la tecnocratización de la Comisión y el Banco Central Europeo, y para continuar trabajando sin descanso en acercar las instituciones a los ciudadanos, en emplear herramientas de democracia directa, como el Congreso Transparente, y en esforzarnos por que la política europea se convierta en el escenario de participación e intervención ciudadana que estaba destinada a ser. Nuestro cometido es empezar una revolución: La de la regeneración democrática, la de la renovación de sus estructuras. Y así me comprometo a hacerlo.

Una Europa de la sostenibilidad, en todos sus sentidos. Sostenibilidad ambiental, porque seremos sino los jóvenes y las futuras generaciones los que nos enfrentaremos a las consecuencias de la destrucción de nuestro planeta; sostenibilidad económica, que regule y limite la economía financiera para que sirva a los intereses de la economía real, y a nada más; y sostenibilidad social, porque una Europa en la que se equilibra la economía aumentando las desigualdades es una Europa derrumbable, porque una Europa en que la pobreza se hace cada vez más desesperada y la riqueza se acumula cada vez más es una Europa que debería golpear nuestras conciencias, y porque una Europa que no protege nuestros derechos es una Europa, ya del todo, fracasada.

Y es esa la Europa verde, la Europa sostenible: La Europa de la respuesta, la Europa que entiende que todas las crisis son en realidad piezas desencajadas de un mismo sistema que depreda; y que todas deben y pueden ser respondidas conjuntamente. Es esta la Europa por la que quiero trabajar, una Europa de la urgencia que piense en nosotros y en nuestro futuro. La Europa, en definitiva, del Green New Deal.

Como candidato a representar a Equo en el Parlamento Europeo reivindico el valor. El valor para enfrentarnos a un montaje cruento, y vencer; el valor para entrar en unas estructuras corrompidas, y abrir las ventanas; el valor para empujar por el cambio de un sistema que sacrifica a muchos por el interés de muy pocos.

Reivindico una Europa valiente.

Y lo hago porque hay alternativas. Lo hago porque se ha hecho antes. Lo hago porque lo que nos ha traído hasta aquí no es una crisis, es una ideología. Reivindico una Europa valiente porque podemos cambiarlo todo.

Esta es la Europa en la que creo. Esta es la Europa por la que lucharé si confías en mí y en las primarias de EQUO me das tu confianza.

Guillermo Rodríguez

#VotaAlto

Vandana Shiva y la Ley de la Semilla

Vandana Shiva vino hace dos semanas al Parlamento Europeo a hablarnos, invitada por los verdes, sobre la regulación del mercado de las semillas en Europa y sobre cómo los transgénicos están destruyendo la diversidad y el medioambiente en nuestro planeta, amenazando la seguridad alimentaria en muchos países y llevando al suicidio a cientos de miles de agricultores en países como India. Un auditorio rebosante recibió el impacto de la fuerza de esta activista, en un momento en que las instituciones europeas están trabajando en una regulación del mercado de las semillas que favorece el empleo de los transgénicos y que no es más que una cesión, otra más, a las grandes corporaciones agrícolas como Monsanto, cuyas consecuencias pueden ser terribles dentro y fuera de las fronteras europeas.

La diversidad es la primera sentenciada a muerte bajo esta nueva legislación. Seguir leyendo Vandana Shiva y la Ley de la Semilla

La Unión Política y otras reformas pendientes III

Escribían hace unos meses varios pensadores europeos que la verdadera unión, la más necesaria en Europa, la que trascenderá a todas las demás y en cuya ausencia se explica la gravedad de las crisis en las que nos encontramos, es la Unión Política. Hasta que ésta no se consiga, decían, y tal vez con razón, la Unión Europea estará, inevitablemente, condenada al fracaso. “Europa no está en crisis, está muriéndose”, proclamaban nuestros pensadores. Esperemos tener, todavía, la fuerza y el talante para salvarla.

Lo indiscutible es que la propia Unión Económica y Monetaria es todavía terriblemente insuficiente, y hasta que consigamos avanzar hacia la Unión Política son muchas las medidas que debemos acometer. Quería utilizar esta entrada para comentar, con vuestra ayuda, otras de las medidas económicas fundamentales a la hora de hablar de las reformas necesarias en la Unión Europea, si se pretende que esta se convierta en algo más que una defensora de la libre competencia y las virtudes que de esta se derivan.

Os propongo lo siguiente: Yo planteo las primeras cinco, y os comprometéis a continuar en los comentarios. ¿Qué os parece? Yo propongo:

  • La creación de un verdadero impuesto sobre transacciones financieras con el objetivo de desincentivar la especulación y al mismo tiempo promover la actividad productiva (más solidaria que la Tasa Tobin comunitaria que se está proponiendo ahora en Bruselas, junto con mecanismos de control de capitales para acabar con los movimientos especulativos
  • La reconversión de la Unión Europea en una zona de autosuficiencia financiera, que ignore las demandas de la industria financiera de manera que pudiera evitar en el futuro crisis como la actual
  • La reforma del estatuto del Banco Central Europeo, de manera que tenga que rendir cuentas ante el Parlamento Europeo y como preocupación prioritaria el mantenimiento del pleno empleo, el bienestar social y la igualdad, y que se haga cargo de gestionar un sistema financiero que proteja a los Estados miembros de la Unión Europea de ataques de especuladores financieros –lo que es propio, en otras palabras, de cualquier “Banco Central” que merezca su nombre, como la Reserva Federal estadounidense o el Banco de Japón-
  • El fortalecimiento del Banco Europeo de Inversiones al Desarrollo, y la reorientación de su actividad para contribuir a cambiar el modelo productivo europeo actual
  • El fin de la financiación, por parte de la Unión Europea, con ayudas y subvenciones, a empresas que compiten de facto con países en desarrollo, lo que se suma a las barreras impuestas al comercio del Sur por parte del Norte.

Y estoy seguro de que se os ocurren más… ¡Animaos a comentar!

Reformas pendientes de la UE II: Otro modelo energético es posible

En Europa es posible un cambio de modelo energético. Dependemos de las importaciones de carburantes fósiles provenientes del exterior, cuando una reforma energética nos permitiría crear nuestra propia energía de forma limpia, local y eficiente. La razón por la que no vamos en esta dirección se debe a la falta de voluntad política, combinada indiscutiblemente con el enorme poder e influencia de los lobbies energéticos en países como España.

La dependencia de la Unión Europea de proveedores exteriores de petróleo y gas, que va en aumento a medida que disminuyen las propias reservas europeas, es contraria a los intereses de las y los ciudadanos. Queremos y podemos fortalecer una producción local en Europa, no contaminante, menos generadora de residuos y más eficiente energéticamente. Queremos y podemos acceder a una soberanía energética coherente con el planeta y sus recursos. Y para conseguirlo, sólo necesitamos que los países de la Unión Europea aúnen su voz en contra de los intereses de una oligarquía energética que detenta un poder que no le pertenece.

Hablar de dependencia energética es hablar de consecuencias medioambientales y económicas, pero también de un subsecuente problema social. Sólo en España, en la actualidad, la energía importada en nuestro país tiene un coste de 45 mil millones de euros, es decir, un 4% del PIB. Prácticamente el doble de los objetivos de reducción del déficit público marcados por Europa. Al mismo tiempo que recortamos en educación y sanidad, nos permitimos malgastar un presupuesto que podría invertirse en desarrollar otros sectores, como el de las energías renovables, que podrían generar más de un millón de empleos verdes sólo en España, al mismo tiempo que podrían convertirnos en energéticamente autosuficientes a medio plazo.

Así lo plantea Greenpeace en su conocidos informes sobre el potencial de las energías renovables, en los que concluye que haciendo las inversiones adecuadas (que serían al mismo tiempo beneficiosas para frenar el problema del desempleo y estimular la propia economía, en la línea que plantea el Green New Deal), Europa podría basar su consumo energético en energías renovables en casi un 100% en 2050.

Si queréis saber mi opinión, el paso a depender exclusivamente de las energías renovables en países como el nuestro, que podríamos llamar el del sol y del viento, no debería ser sólo una opción sino una obligación para con nosotros y las futuras generaciones. En España podemos hacerlo, sencillamente. Y que no se haga debido a los intereses de un lobby energético y las deudas políticas de unos pocos, en un momento en que estamos conociendo las fronteras de la injusticia social y medioambiental en democracia, debería tener, al menos, consecuencias políticas.

Hay soluciones. Hay maneras alternativas de salir de donde estamos. No nos dejemos engañar.

Reformas pendientes de la UE I: Competencia y paraíso fiscal

Podríamos calificar a la Unión Europea de paraíso fiscal sin miedo a equivocarnos. Multinacionales como Starbucks, Google, Amazon o Apple eluden impuestos millonarios gracias a sus filiales en ciertos países de la Unión Europea, disfrutando de reducciones insoportables del Impuesto de Sociedades. ¿Cómo es esto posible? Lo es gracias a la salvaje competencia fiscal que se practica desde hace años entre países de la UE.

Irlanda, Luxemburgo, Reino Unido (por medio de las islas Bermudas) y otros países de la Unión hacen lo posible por atraer a su fisco a multinacionales, trabajadores cualificados e inversores. Hasta aquí, bien. El problema reside en que están dispuestos a hacerlo a cualquier precio. Estos países minimizan hasta niveles inverosímiles el nivel de imposición fiscal sobre corporaciones, lo que crea una situación de competencia desleal entre países miembros de la misma unión, que si no fiscal, sí lo es económica y monetaria.

Estas multinacionales, por medio de la ingeniería financiera y utilizando los llamados precios de transferencia, polarizan sus beneficios en los países en los que el nivel de imposición es más bajo, consiguiendo evadir de esta forma miles de millones de euros por ejercicio fiscal. La estrategia es sencilla siguiendo el ejemplo de Google, que “factura desde Irlanda los ingresos por publicidad que obtiene en otros mercados, como el español, donde ha declarado pérdidas en los últimos dos ejercicios y apenas ha pagado impuesto de sociedades”, o el de Amazon, que “pese al éxito de su lanzamiento comercial, su filial declaró en 2012 pérdidas contables de 54.329,8 euros, según las cuentas depositadas en el Registro Mercantil“.

Pero hay más ejemplos. La empresa Starbucks ha tenido la bravura de declarar que sólo ha tenido beneficios en Reino Unido en un único ejercicio fiscal desde que hace 15 años se asentara en suelo británico. Posiblemente estas infracciones no se puedan considerar más que inmorales, pero la realidad es que algunas de estas multinacionales tributan en la actualidad hasta sólo el 2% de sus beneficios. Al mismo tiempo, en los países donde estas compañías evaden en la práctica impuestos, se realizan recortes en servicios básicos desmantelando, en definitiva, un sistema de bienestar creado por y para todos.

Creo que una de las reformas pendientes más fundamentales en la UE es la Unión Fiscal. Porque es impresentable que las compañías con más beneficios sean las que menos tributen, y porque la alternativa a las políticas de austeridad pasa precisamente por aumentar los ingresos fiscales del capital, las grandes corporaciones, los que más tienen y los que más contaminan. Necesitamos una Hacienda Pública Europea, con carácter progresivo, capaz de acabar con la competencia fiscal entre los países miembros. Necesitamos que se prohíban definitivamente los paraísos fiscales. Y necesitamos avanzar hacia una armonización fiscal más justa, en definitiva, cuyo máximo exponente no sea eliminar precisamente el tipo incrementado para los bienes de lujo, de evidente carácter redistributivo.

Medidas como estas son fundamentales para convertir la Europa financiera y enviciada en la que nos encontramos en una Europa social, ciudadana, del bienestar, la justicia social y la solidaridad.

En clave nacional o ideológica: El Fondo de Ayuda Europea a los Más Necesitados

Decía en un comentario anterior que las y los parlamentarios del grupo Verdes/ALE se esfuerzan en mantener un posicionamiento común, y no siempre lo consiguen. Un ejemplo de este “fracaso” fue la cuestión de obligatoriedad del Fondo de Ayuda Europea para los Más Necesitados (FEAD), destinado a suministrar alimentos a los que menos tienen por medio de bancos de alimentos y otras organizaciones de ayuda.

La Comisión Europea propuso un Fondo de Ayuda Europea para los Más Necesitados de 2.500 millones de euros en el que estarían obligados a participar todos los países miembros de la UE, cuando el programa de reparto de alimentos que existe hasta ahora dispone de 3.500 millones para repartir entre solo 19 países participantes. Los Verdes/ALE, encabezados por la europarlamentaria holandesa Marije Cornelissen, rechazaron inicialmente la propuesta en el Comité de Empleo y Asuntos Sociales y argumentaron que sería más beneficioso que los estados miembros pudiesen Seguir leyendo En clave nacional o ideológica: El Fondo de Ayuda Europea a los Más Necesitados